Este blog pretende ser un lugar de encuentro y consulta complementario de la "Escuela de Familias" puesta en marcha por la Liga Palentina de la Educación, con la colaboración de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Palencia (FAPA-Palencia).
En el mismo se podrán seguir las actividades que la Escuela vaya programando en los distintos centros públicos de la capital y provincia, así como debatir y consultar sobre los temas que en las distintas sesiones de trabajo se traten.
Igualmente se podrán realizar consultas sobre la problemática que presentan nuestros hijos en las distintas edades por las que pasan durante su periodo formativo.
Si eres poco experto en esto de los blogs, lee en la columna de la derecha el apartado "Si entras por primera vez ...."; te puede ser útil.


domingo, 31 de octubre de 2010

Isla dos Aguas y educación

En su nueva colaboración con el periódico CARRIÓN, el presidente de la Liga Palentina de la Educación, Ramiro Curieses, publica un artículo con este título dentro del apratado "La mirada crítica".

"Es cierto que el sentimiento general sobre la educación es más negativo que positivo. Es verdad que sobre enseñanza se habla mucho, pero también es cierto que la mayoría de las veces con poco rigor y demasiada rigidez en los planteamientos que se defienden. Lo incuestionable es que no sabemos muy bien lo que está pasando, pero lo que sí sabemos es que a la gran mayoría no nos gusta lo que ocurre.
El pasado miércoles estaba en la Isla dos Aguas leyendo un libro sobre el pesimismo en educación. No os lo recomiendo, ya que aporta una visión catastrófica de la misma sin plantear alternativas eficaces, como ocurre con demasiada frecuencia en el campo pedagógico.
Se me acercó una persona mayor y después de conversar con él sobre temas apasionantes de la vida en general, hablamos como no podía ser de otra forma, del estado de la sociedad en cuanto a educación se refiere. Os anticipo que nunca hasta ahora una persona me ha enseñado tanto como ese abuelo de aproximadamente setenta y cinco años. Su cara, pero sobre todo sus ojos, mostraban una gran viveza y locuacidad. Fui yo quién le dije:
- Si yo le hiciera la siguiente pregunta: ¿es necesario un gran pacto por la Educación? Usted, porque yo trato de usted a las personas mayores, o la gran mayoría diría que sí. Si a continuación le preguntara: ¿cree que nuestro sistema educativo debe mejorar? , también, como la gran mayoría, me contestaría que sí. Ahora bien, si yo le preguntara ¿en qué dirección debemos cambiar?, ¿qué medidas concretas debemos introducir para mejorar el éxito escolar de los alumnos?, ¿qué tipo de ciudadanos queremos formar para el futuro?, ¿son bajos o altos los niveles educativos de nuestros escolares?, ¿es la indisciplina el mayor problema que tiene la educación en estos momentos?, ¿qué debemos hacer con los alumnos fracasados?, ¿deben los alumnos estar escolarizados obligatoriamente hasta los dieciocho años?, ¿es adecuada la formación de los profesores? ¿y el sistema de selección de los mismos? etc., las respuestas seguro que ya no caminarían en la misma dirección, y lo que era más o menos unanimidad se vuelve desacuerdo y desavenencia. ¿Por qué cree usted que ocurre esto?
El abuelo, que por cierto había sido docente durante más de cuarenta años en la escuela pública, me contestó sin vacilar:
- Las reflexiones que hacemos de la escuela como un servicio público, el concebir la educación como un instrumento de promoción personal y social, la consideración que se tiene y se hace de la influencia del contexto social y familiar en la vida de las personas y la concepción que tenemos de la equidad en el sistema educativo estarían en las bases de los desacuerdos en la contestación de las preguntas anteriores.
Me dí cuenta enseguida, que la conversación con esta persona me iba a resultar más interesante que el libro que estaba leyendo. A las personas hay que darles la importancia que se merecen. A continuación le pregunté:
- ¿Debemos tratar de conseguir éxito educativo para todos los alumnos en la educación obligatoria?
El maestro, porque él había sido maestro y se seguía considerando así, me argumentó:
- El nivel de exigencia de nuestro sistema educativo para alcanzar los objetivos de la ESO es elevado, en contra de lo que piensa una gran mayoría de los profesionales de la educación, ya que el alumnado que no repite curso obtiene resultados superiores al de otros países avanzados. Castilla y león estaría entre los mejores del mundo si fuéramos un país, aunque los niveles de fracaso también son de los más altos del mundo.
Hay una gran cantidad de profesores que preferirían que todos sus alumnos fuesen disciplinados y con gran interés en ser catedráticos de universidad, y esto ya debiera ocurrir, según ellos, con catorce y quince años. Si el fracaso escolar ronda el 22%, tan fácil no será aprobar. ¿Los niveles están bajando?, ¿se exige menos que en otras épocas? La respuesta es que no es tan fácil medir el nivel educativo. Es fácil medir el nivel educativo en una materia, pero el curriculum ha cambiado mucho en los últimos veinte años. Hoy se estudian menos horas de matemáticas que hace veinte años.
Realmente estaba muy bien enterado,–me dije– Le había escuchado con mucha atención y esto le agradaba. Se le veía a gusto disertando sobre este tema. Jamás imaginé que leyendo un libro que analizaba nuestro sistema educativo pudiera encontrarme con una persona tan bien informada. El maestro con tono cada vez más seguro y convincente siguió diciéndome:
Imaginase, él también me trataba de usted, un pueblo que tiene tres chavales. Dos están escolarizados y uno no. Los escolarizados tienen niveles de 10 y de 5, por lo que la media de la escuela es de 7,5. El que no asiste a la escuela tiene nivel 0, y el nivel educativo de los tres chicos es de 5. Imaginemos ahora, que éste sí asiste a la escuela, y mejora un poco su nivel educativo, supongamos que hasta 3. En este caso la media de la escuela y de los chicos es la misma, 6, empeora la escuela, pero mejoran los jóvenes.
Nunca nadie me había explicado con tanta claridad lo que ha pasado en nuestro sistema educativo con la extensión de la escolaridad hasta los dieciséis años. ¡Qué gran maestro ha tenido que ser! Pensé. El abuelo maestro que se iba encontrando más satisfecho en la conversación, porque eso se nota fácilmente, siguió diciéndome:
- Algunos datos que debiéramos tener en cuenta para establecer valoraciones de nuestro sistema educativo serían: el gasto en educación, que pasó del 3% al 4,9 en 20 años. La tasa de matriculación pasó del 80% a los 14 años, al 100% a los 16 años. Casi el 100% de 3 a 6 años. De 140.000 becarios hemos pasado a 620.000. De 2,5 millones de analfabetos hemos pasado a medio millón, y de medio millón de universitarios hemos pasado a 5 millones en la actualidad. La posibilidad de que el hijo de un obrero haga estudios post obligatorios ha aumentado casi un 40%. La tasa de fracaso escolar ha pasado de un 35% a un 30% y eso que ahora la escolaridad dura 13 años. Somos uno de los países que más ha mejorado junto Corea y Grecia. El impacto de la ciencia española en el mundo es mucho mayor ahora, nuestros licenciados tienen buen prestigio en Europa y somos uno de los países más receptores de Erasmus. Los jóvenes son el colectivo que más lee y nunca habíamos viajado tanto como ahora. Nuestros alumnos puntúan cada vez más alto en los test de inteligencia. ¿Te parecen datos suficientes como para no ser tan catastrofista en educación? Terminó diciéndome el maestro.
Me hubiera quedado con esta persona toda la noche hablando, toda la vida, pero sus obligaciones con el horario de su residencia se lo impedían. Le acompañé hasta su habitación y le abracé. Él, agradecido, sonrió y me dijo:
- Debemos ser optimistas en educación, debiéramos ser militantes del optimismo. Un país que no cree en sus jóvenes está condenado al fracaso social. ¿Es eso lo que deseamos?
Hacía mucho tiempo que una persona no me había dado tantos argumentos para reflexionar de una forma más rigurosa sobre la educación del siglo XXI."

domingo, 17 de octubre de 2010

Educación, sí gracias...

Con este título, Ramiro Curieses Ruiz, Presidente de la Liga Palentina de la Educación, publica en el periódico carrión un artículo.

"Mi ciudad duerme tranquilamente mientras doy vida a este artículo sobre la educación, el curriculum, la ciudadanía y los modales correctos. Reconozco que me encanta reflexionar sobre estas cuestiones, y me gusta hacerlo al amanecer, muy de madrugada como decía el poeta, que es el tiempo en el que se gestan los grandes sueños, las grandes ilusiones y posiblemente las deseadas esperanzas.
El otro día cuando impartía una clase de Educación para la ciudadanía a mis alumnos de 2º de ESO, escribí en el encerado la siguiente frase: EDUCACIÓN, SI GRACIAS. Comencé por explicarles lo que aconteció a ese profesor que entró un día en clase y después de dar cortésmente los buenos días y prácticamente escuchar un silencio descorazonador por respuesta, observó como uno de sus estudiantes comía un bocadillo de tortilla sin el más mínimo reparo. Ante el silencio del docente y la atención extrañada del resto de los compañeros, el estudiante dirigiéndose al educador mientras seguía comiendo le dijo: – ¡Tú tira!
Los alumnos de la clase permanecieron atónitos a la cara de sufrimiento que yo había puesto al narrar tal anécdota y les comenté que algo estábamos haciendo mal para que estos hechos ocurrieran. Me reconfortó ver que la totalidad de ellos pusieron cara de desaprobación ante tal conducta.
A continuación les relaté cuatro ejemplos más de falta de urbanismo en nuestros comportamientos habituales y diarios: es fácil encontrarse el patio lleno de papeles y las papeleras vacías, fumar en sitios prohibidos, gritar en lugares no adecuados y móviles que suenan sin rubor, etc. Pero la escuela es la escuela, y siempre hay posibilidad de aprender y poder seguir creciendo en ella como personas. Uno de mis alumnos, con gran preocupación y entusiasmo me dijo: -Yo ya no pienso traer más días el bocadillo al insti. Respuesta que me dio a entender que el alumno había comprendido perfectamente el significado de la lección.
Es cierto que estamos en un período en el que no tenemos claro el ideal de educación que queremos para nuestros hijos, el ideal de sociedad que queremos construir. Todos estamos de acuerdo en que algunas cuestiones no están funcionando correctamente: comportamientos, lenguajes, posturas, vestiduras, nos dan señales de que la cosa no marcha, de que algo estamos haciendo mal. Pero el curriculum en la escolaridad obligatoria se está escorando hacia aprendizajes más valiosos: factores abióticos, biocenosis, modalidades oracionales: atribución y predicación, diptongos, triptongos e hiatos, sistema diédrico, calcular potencias de base fraccionaria, y un largo etcétera difícil de mantener con la que está cayendo en la calle.
La escuela debe formar ciudadanos creativos, reflexivos, críticos, competentes de tener un proyecto de vida y saberlo proyectar en la sociedad que vive. La educación debe servir para crear ciudadanos capaces de vivir en el respeto, la tolerancia y la cortesía. Quizás debamos plantearnos qué currículo sería más conveniente para conseguir estos objetivos tan deseados por todos en la educación secundaria obligatoria. Los alumnos permanecen escolarizados imperativamente hasta los dieciséis años en nuestros centros, para algunos es su única oportunidad de poder acceder a estos objetivos tan loables. Pero la institución se empeña en perder el tiempo con ellos explicándoles la diferencia que existe entre una roca magmática y volcánica, entre la similitud de metáfora y comparación y si el sonido se refleja en ecos o reverberaciones, etc., etc., contenidos todos ellos muy importantes para transmitir, pero no a criaturas de catorce años, cuyo abandono de la escuela es más que seguro.
La transmisión es importante, claro que merece la pena preservar nuestro legado cultural, por supuesto que sin imitación, repetición y copia de contenidos el aprendizaje y la innovación son más difíciles. Se nos olvida que estos postulados han servido a ciudadanos que han conseguido sobresalir en algunas manifestaciones artísticas o culturales, pero que han destrozado muchos proyectos en otras personas que no tuvieron tal éxito. Hago estas observaciones a raíz de leer el libro del filósofo y pedagogo Gregorio Luri, “La escuela contra el mundo” cuya lectura recomiendo a todos los docentes y educadores. No comparto con Luri la idea que la desvalorización de la transmisión afecta de manera directa al valor de los contenidos de la enseñanza y, por lo tanto a la relevancia del maestro. La desvalorización viene dada por la inutilidad de los contenidos a transmitir, por su escasa funcionalidad para operar en un mundo real que no nos gusta, pero que hemos creado.
¿La escuela debe adaptarse o debe transformar la sociedad? La educación debe ser fundamentalmente transformadora, innovadora, no reproductora. Pero para ello debemos contemplar un escenario muy diferente al actual, un marco de juego en el que identifiquemos con claridad qué es lo que necesita la sociedad para ser mejorada y superada. La escuela debe formar, educar a personas con capacidad de pensamiento, independientemente de que consigan o no un diploma superior. Coincido plenamente con el profesor Rubem Alves, profesor de la Facultad de Educación de Sao Paulo, cuando manifiesta que la educación es necesaria para vivir en democracia. Luego los saberes, los contenidos, deberán basarse en aquello que consideramos fundamental para vivir en democracia.
La educación es una tarea extraordinaria, consiste en ayudar a pensar, pero especialmente a convivir. Meter en la cabeza contenidos inertes puede resultar atractivo, interesante, aunque dudo mucho de su poder para hacer mejores ciudadanos, destacados educandos, más solidarios, menos individualistas, más corteses y menos egoístas. Soy un maestro optimista, estoy un poco saciado de ese malestar que se ha instalado de que no podemos hacer nada. Precisamente la gente que más grave ve la situación es la que declara su pesimismo y derrotismo con más ahínco. El pesimismo, la fatalidad, se reproducen con una facilidad asombrosa entre los docentes, es fácil de contagiar. Es vírica.
El pasado miércoles dieron el premio Nobel de literatura a Mario Vargas Llosa. Con los alumnos hice la siguiente comprobación: ¿cuántos de vosotros sabéis el nombre del premio Nobel de literatura? Nadie supo contestarme. Sin embargo la gran mayoría recuerda el nombre de un estrellita televisivo que es famoso por sus desencuentros y escarceos amorosos con otras personajillas de gran calado social. Ahora coincidirán conmigo que en educación tenemos mucho que hacer, que debemos recuperar la aspiración por formar a alumnos en el trabajo, la constancia, el esfuerzo, la honradez, con el propósito de esclarecer que los modelos que se venden a la juventud, son modelos con muy poca formación.
Educación, si gracias. No se trata de que no consideremos importante la vida y la filosofía de Platón, sino de que transmitamos cómo Platón ayudó a sus conciudadanos atenienses a pensar y a configurar una sociedad más justa."

lunes, 4 de octubre de 2010

Enseñar o aprender o viceversa

El Presidente de la Liga Palentina de la Educación, Ramiro Curieses, publica en el periódico quincenal carrión, una interesante reflexión sobre la educación, que transcribo literalmente:

Enseñar o aprender o viciversa

Soy maestro, docente, y tengo una aspiración muy noble en la tarea educativa: que todos mis alumnos aprendan. Aprender y enseñar son dos fenómenos que agrupan experiencias individuales y colectivas y que dan lugar a dos tipos de crecimiento; uno en la persona que enseña y otro, en el que aprende. La especie humana se caracteriza por estar movida por el deseo de aprender, de asimilar, de integrar la cultura que nos ha precedido. Es específico de la naturaleza humana. El aprendizaje satisface nuestros deseos más humanos. Es algo inherente a la especie.
Trazado así el argumento y dado que uno inevitablemente anda siempre comparando el funcionamiento de los servicios públicos del estado con el objetivo de aprender lo mejor de ellos, cae en la tentación de figurarse situaciones y proyectar sobre ellas mecanismos de aprendizaje básicos para toda la población. Imaginemos que una dolencia física nos lleva al ingreso hospitalario durante algún tiempo. Durante ese periodo un grupo de doctores nos atiende en el complejo hospitalario. El trabajo en equipo, las pruebas diagnósticas, el tratamiento inicial, los controles casi diarios del funcionamiento de los órganos diana, la toma de temperatura, es decir, toda una metodología de trabajo al servicio del paciente. El tiempo transcurre y la dolencia, a pesar del ímprobo trabajo del personal sanitario, no solamente no mejora, sino que se hace cada vez más aguda y el daño colateral psicológico empieza a mermar otras capacidades y emociones de forma sutil.
El equipo de facultativos insiste en nuevas pruebas, impone un tratamiento farmacológico más agresivo, pero al final concluye que el origen de la dolencia es idiopático y que se ha hecho todo lo que se ha podido. Transcurrido un tiempo, aquel mal me ha impedido que yo llevara una vida normal, tratando de desarrollar al máximo mis posibilidades y cualidades físicas.
Para algunos lectores el equipo médico ha hecho todo lo que debía, para otros su trabajo ha resultado ineficaz del todo. La cuestión que me planteo tiene que ver con la finalidad educativa del trabajo que acometemos los docentes, con el para qué de nuestra tarea. El objetivo del equipo médico debiera ser acabar con la dolencia del paciente, conociendo sus causas e intervenir sobre ellas. De poco me sirve que sea un grupo de profesionales capacitados, conocedores de técnicas y procedimientos modernos, si después de todo ello no me curan, o al menos reducen las consecuencias de la enfermedad. Los médicos debieran curar, siempre y cuando la naturaleza de los males sea reparable. Eso es lo que la sociedad exige.
Si trasladamos la situación al escenario educativo, me llevaría a decir que a los maestros, a los profesores, se nos debiera exigir que nuestros alumnos aprendan, y no conformarnos con desarrollar estrategias de enseñanza. De poco sirve, salvo para tupir el almacén de ego, tener muchos conocimientos, haber desarrollado una gran capacidad intelectual, si ésta no se pone al servicio del que aprende. El buen docente no es el que enseña mucho, sino el que hace aprender considerablemente a los educandos. Si el centro de gravedad en educación estuviera situado en los aprendizajes, no tengo ninguna duda que haría progresar mucho más a los principios y estrategias de enseñanza, y que éstos estarían al servicio de quien es realmente importante en este proceso, que no es otro que la persona que se educa.
Planteada así la cuestión central del artículo, me posibilita esclarecer algunos mecanismos perversos de nuestro sistema educativo y que están muy centrados en considerar a la enseñanza y a quien enseña como el eje principal de la educación. Así la transición de primaria a secundaria tiene que ver con este planteamiento; sino, no es concebible cómo se puede pasar de tener un maestro de referencia hasta junio, para “beneficiarse” de diez enseñantes, cada uno con su referencia, en un lapso de tiempo de dos meses. Es el triple salto mortal sin red. Sólo la concepción de un sistema pensado en la enseñanza y en los docentes comete esta disfuncionalidad de consecuencias graves en casos de “dolencia” discente.
La repetición de curso sería una segunda cuestión que tiene mucho que ver con este planteamiento centrado en la enseñanza. La repetición es considerada ineficaz para un gran número de alumnos. Al menos así lo reflejan las estadísticas oficiales, solamente en un veinticinco por ciento es útil al alumnado. ¿Por qué se insiste en ella? Quizás para silenciar otras alternativas más impopulares, como podría ser el de aumentar una hora lectiva a estos alumnos para adquirir aquello que no pudieron o quisieron hacer durante el curso pasado y permitirles la promoción en lo que sí lograron. Recordamos que se repite por no aprender un número determinado de conocimientos, no todos los conocimientos.
El pesimismo que se tiene desde el punto de vista del enseñante, la consideración y la valoración que hacemos de nuestros jóvenes tiene mucho que ver con la tesis que mantengo; siendo ésta la tercera razón que quiero recoger. Creemos que esta generación de adolescentes es la peor históricamente habida, que los niveles de enseñanza jamás estuvieron tan bajos, y que los desencuentros en la escuela actual entre maestros y alumnos nunca fueron tan severos. Quizás convenga recordar lo que algunos autores han manifestado al respecto: “Y así, según mi opinión, la juventud, en las escuelas, se vuelve tonta de remate por no ver ni oír en las aulas nada de lo que es realmente la vida.(…) En el fondo, los maestros no tienen la menor culpa, ellos se ven en la necesidad de ponerse a tono con los insensatos”. Claro, que sería conveniente aclarar que tal cita pertenece a Petronio, en su obra El satiricón, obra que fue escrita en el siglo II d.c.
Enseñar posiblemente sea una experiencia creativa, donde cada día es diferente al anterior, donde debiera resultar bastante difícil aburrirse, pero aprender es la experiencia humana por excelencia. Yo por eso enseño, porque al enseñar aprendo.

Ramiro Curieses Ruiz es presidente de la Liga Palentina de la Educación y la Cultura Popular y Director del Instituto Canal de Castilla de Villamuriel de Cerrato